Yo Tampoco (6 de Marzo)
“Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer: ‘¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó?’ ‘Ni uno, Señor,’ dijo ella. ‘Yo tampoco,’ le dijo Jesús. ‘Vete y no peques más.’” Juan 8:10-11 NTV
Quizás ya conocés esta historia. Se trata de una mujer sorprendida en el acto de adulterio que fue arrastrada por los líderes religiosos ante los pies de Jesús mientras enseñaba en el templo.
Sus acusadores le dijeron a Jesús, “Maestro, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio. La ley de Moisés manda apedrearla; ¿tú qué dices?” Los ignoró al principio, pero cuando se dio cuenta que no se iban a ir, Jesús les respondió, “¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!” (Juan 8:4-5; 7 NTV).
Uno a la vez los hombres se fueron, dejando a la mujer a solas con Jesús. Él le preguntó, “¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó?” “Ni uno, Señor,” dijo ella. “Yo tampoco,” le dijo Jesús (Juan 8:10-11 NTV).
“Yo tampoco.” Qué frase poderosa. Jesús, el que poco tiempo después iba a morir en el lugar de esa mujer en la cruz, le miró a los ojos y le dijo, “Yo tampoco te condeno.”
De alguna forma todos somos esa mujer. Ninguno de nosotros es perfecto (ver Romanos 3:23) y por más “grandes” o “pequeños” que sean nuestros pecados todos tenemos alguna razón por la que sentirnos humillados cuando nos acercamos a Jesús.
Pero no olvidemos que Jesús ya pagó nuestra condena. “Por lo tanto, ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús” (Romanos 8:1 NTV).
Y a vos y a mí, con todos nuestros errores, Jesús nos mira y nos dice, “Yo tampoco te condeno.”
Aplicación
Hoy, en el tiempo que apartes para orar, simplemente meditá en esa frase: “Yo tampoco te condeno.” Dejá que Jesús te lo diga. Imaginalo diciéndotelo. Y permití que Dios te muestre su amor sin límite.
Oración
Jesús, ayudame a escuchar tu voz hoy que me dice, “Yo tampoco te condeno.” Quiero conocer tu amor perfecto que echa fuera todo temor. En tu nombre; amén.