Volviendo A Casa (11 de Marzo)

“Entonces regresó a la casa de su padre, y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio llegar. Lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó.” Lucas 15:20 NTV

Una de las historias más famosas que contó Jesús se trata de un padre que tenía dos hijos. Se ve que el hijo menor ya no aguantaba más a su familia porque un día le pidió a su padre su porción de la herencia (un grave insulto) y se fue “a una tierra distante, donde derrochó todo su dinero en una vida desenfrenada” (Lucas 15:13).

Cuando apenas había gastado todo el dinero que tenía, empezó una gran hambruna en todo el país y el joven comenzó a sufrir hambre. Consiguió un trabajo cuidando a cerdos, pero “llegó a tener tanta hambre que hasta las algarrobas con las que alimentaba a los cerdos le parecían buenas para comer; pero nadie le dio nada” (Lucas 15:16).

Por fin el hijo menor “entró en razón” y decidió volver a la casa de su padre donde “hasta los jornaleros [tenían] comida de sobra” (Lucas 15:17). Preparó las palabras que le iba a decir a su padre para disculparse y emprendió el viaje a casa.

Y acá es donde la historia toma un giro inesperado: “Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio llegar. Lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó” (Lucas 15:20).

El padre de la historia (que representa a Dios) no se quedó en su casa enojado con el hijo sino que cuando todavía estaba lejos salió corriendo a su encuentro.

De alguna forma todos tenemos que volver a casa. Todos los días las presiones de la vida nos tienden a alejar de ese lugar donde podemos descansar en la presencia de nuestro Padre.

La buena noticia es que Dios no se queda esperando a que resolvamos nuestros problemas sino que apenas tomamos la decisión de volver a casa él sale corriendo a nuestro encuentro.

¿Cómo orarías si supieras que Dios no está enojado con vos sino que te está buscando en este momento?

Aplicación

En el tiempo que apartes para orar hoy, tomá un momento para meditar en Lucas 15:20. Ponete en el lugar del hijo que está volviendo a casa y tratá de “ver” la escena. Imaginá al Padre corriendo a tu encuentro, sentí su abrazo y dejá que te lleve de vuelta a casa.

Oración

Padre, hoy decido volver a casa. Dejo las preocupaciones de la vida, aunque sea por un momento, para sentir tu abrazo y saber que nunca te vas a rendir conmigo. En el nombre de Jesús; amén.