Sanadores heridos (21 de septiembre)

“Cuando Jesús recibió la noticia, se retiró él solo en una barca a un lugar solitario. Las multitudes se enteraron y lo siguieron a pie desde los poblados. Cuando Jesús desembarcó y vio a tanta gente, tuvo compasión de ellos y sanó a los que estaban enfermos.” Mateo 14:13-14 NVI

Juan el Bautista, un pariente de Jesús y el último de los profetas del Antiguo Testamento, había sido ejecutado. Afectado por la noticia, Jesús “se retiró él solo en una barca a un lugar solitario.”

Al llegar, se encontró con una multitud que lo había seguido llevando a muchas personas que necesitaban sanidad.

Es claro que necesitaba tiempo a solas para procesar la pérdida de Juan, pero a pesar de su propio dolor Jesús reaccionó a estas personas con compasión.

Al enfrentar una pérdida es fácil concentrarnos únicamente en nuestras propias necesidades.

Jesús ciertamente creía en la importancia del tiempo a solas con Dios, y por eso se retiró a un “lugar solitario.” Pero no dejó que sus propias necesidades lo cegaran al dolor de los demás.

Es realmente hermoso cuando una persona, sin ignorar sus propias necesidades, puede ver más allá de su propio dolor y reconocer las heridas de los demás.

Que seamos, en el lenguaje de Henri Nouwen, “sanadores heridos” que reconocen que incluso en nuestro propio quebrantamiento podemos llevar la sanidad de Dios a los que nos rodean.

Aplicación

Tomá un momento para hacer una “auto-evaluación.” ¿Estás sirviendo y ayudando a los demás sin tomar el tiempo para alimentar tu relación con Dios y encontrar sanidad vos mismo? Recordá que, como nos mostró Jesús, es importante apartarse a un “lugar solitario” para estar con tu Padre. ¿O estás muy enfocado en tu propia relación con Dios, pero no hacés mucho para servir a los demás? En ese caso, también podés aprender del ejemplo de Jesús y servir a los demás en medio de tu propio dolor.

Oración

Jesús, reconozco que mis heridas son reales; aun así usame para traer sanidad a los demás. En tu nombre; amén.